domingo, 28 de agosto de 2016

Cursillo intensivo sobre la propina


Cuando cientos de turistas europeos dejan cada año generosas propinas en restaurantes de Japón, lo último que esperan es que se les ponga mala cara por el exceso. Si uno consulta la palabra «propina» en la RAE, encuentra la siguiente definición: «agasajo que sobre el precio y como muestra de satisfacción se da por algún servicio». Atendiendo a esta definición, no es de extrañar que más de 15% de los españoles hayamos tenido algún desagradable percance en el extranjero con la dichosa propina. ¿Cuándo deja de ser voluntaria y se convierte en obligatoria?

                Curiosamente, en muchos países asiáticos un camarero se sentirá insultado si le dejas un extra. En Japón y China tiene una connotación realmente negativa: quizás incluso se malinterprete como un soborno. Puede resultar muy ofensivo, pues allí no constituye una muestra de cortesía, sino de caridad.

            En segundo lugar, hay países en los que la propina simplemente es «de agradecer». Este es el caso de Finlandia, Noruega o Australia, donde representa una grata sorpresa para el camarero. Aquí surgen las dudas: ¿cuánto dar?, ¿cómo?, etc. En España optamos por redondear y poner unas moneditas sobre la mesa. En Alemania y Hungría debe darse directamente al camarero, nunca junto a la cuenta. En Tailandia y Filipinas solo deben pagarla los turistas, no los locales. Dejar propina ya no es una muestra de agradecimiento, sino un arte.

            Sin embargo, existen países en los que representa una obligación moral. Es de muy mal gusto no dar propina en Reino Unido −donde el service included es cada vez más popular− o en Uruguay, donde serás tachado de desagradable y tacaño. En México, la Ley Federal de Protección al Consumidor te respalda si no quieres dejar propina, pero solo si el servicio ha sido lamentable.

            Por último, Blanca Zayas –directora de comunicación en TripAdvisor España− menciona que hay países en los que «el servicio suele tener un sueldo muy reducido y sobrevive gracias a las propinas». Por eso estás obligado a dejarlas en EE. UU. y Canadá: por solidaridad con el pobre camarero.

            Al parecer, los españoles y los italianos somos los clientes más tacaños de Europa al dejar propina. En estos complicados momentos de crisis, nos respaldamos en el argumento de que es «un mero gesto de cortesía». Somos como ese alumno que nunca levanta la mano cuando el profesor pide un voluntario para leer: si no es obligatorio...

            En conclusión, las propinas han causado más de un quebradero de cabeza, sobre todo a los turistas extranjeros. La mayoría opta por aplicar el dicho de «allá donde fueres, haz lo que vieres». Aun así, siempre nos asaltará la duda al llegar el temido momento de la propina:


Dejar o no dejar, esa es la cuestión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Gracias por comentar guapo/a!